viernes, 6 de noviembre de 2015

Miedo, bombas y elecciones: el regreso de los espías en acción


Fuente: http://www.clarin.com
Por Claudio Savoia.
 La pelea por el balotaje.Como en 1985, una serie de amenazas paralizó a varios edificios públicos. Sería el aporte de la ex SIDE a la campaña K.


No se trata de 1984, la famosa novela de George Orwell que imaginó un Estado totalitario autojustificado como un “Gran Hermano” que disfrazaba de cuidado lo que en verdad era vigilancia: acá, en Argentina, la historia pudo haberse llamado 1985, el año electoral en que las amenazas de bomba interrumpieron las clases de cientos de colegios y el trabajo en decenas de edificios públicos, mientras alguna que otra explosión sin víctimas le daba credibilidad a aquellos telefonazos. Entonces soplaba la brisa fresca de la primavera democrática, pero los nubarrones autoritarios seguían acechando: el juicio a las Juntas Militares alteraba los nervios de los viejos represores.

Tres décadas después, un déjà vu obliga a repasar esas páginas. Tras la sorpresa por el resultado electoral –que en las oficinas públicas viró en conmoción y luego en desesperación–, la campaña hacia el balotaje entró en un peligroso túnel del tiempo: la coordinada metralla de amenazas y apelaciones al miedo por parte de funcionarios y candidatos oficialistas le preparó el terreno a los hechos.

Primero fue la trasnochada amenaza de supuestos explosivos en dos shoppings, por parte de un grupo terrorista con base en las lejanas tierras de Mali y Costa de Marfil. Según pudo saber Clarín, ese tipo de advertencias son frecuentes y llegan a varios países. Pero por esas cosas de la vida, la de la semana pasada salió por todos lados y movilizó a medio gobierno en supuestos operativos de seguridad.

Hubo dudas sobre las veracidad y la oportunidad del episodio, pero el caramelo pasó por la garganta. Entonces, esta semana entraron en acción los viejos operadores que dormitaban entre bambalinas. Se ve que la orden –esa que después nadie dio– fue apremiante: el martes por la mañana, una amenza de bomba obligó a todos los trabajadores de los ministerios de Salud y Desarrollo Social a salir a tomar sol a la avenida 9 de Julio para que trabaje la brigada antiexplosivos. Un rato después, a la hora de la siesta, el teléfono sonó en el Congreso, y la gente que escuchaba las diatribas del senador Pino Solanas contra las mineras tuvieron que desalojar el salón Illia. “Se recibió una amenaza de bomba, eso es todo”, informó la gente de Seguridad del Senado.

El show siguió ayer. Por la mañana, el ingreso al palacio de Tribunales fue suspendido por la amenaza de que había explosivos. “No hay orden de evacuación, pero hay gente que se está retirando masivamente del lugar”, intentaron tranquilizar desde la Dirección de Seguridad. Menos mal. Por la tarde, la Policía Federal detuvo a un hombre que hacía amenazas de bomba a la embajada de Israel desde su celular.
Como el refrán dice que si ladra, tiene cuatro patas y suelta pelos seguramente se tratará de un perro, todas las miradas apuntan hacia los convulsos servicios de inteligencia, particularmente a la Agencia Federal de Inteligencia que conduce Oscar “Larry” Parrilli. Y no se equivocan. En la relanzada área de acción contra el terrorismo hace sus palotes el militante de la Cámpora Lucas Albornoz, a quien fuentes de la ex SIDE atribuyen alguna cucharada en este guiso. Pruebas no hay, por supuesto.

Albornoz es uno de los 138 jóvenes entusiastas que entraron a la AFI este verano, y que ahora se preparan para abandonarla. Otros viejos espías recuerdan que aún funcionan las bandas de la ex SIDE que históricamente se encargaron de perseguir a los grupos de izquierda, cuyo riesgo se agigantaba con falsos llamados amenazantes –como los de estos días– y la voladura de algún cajero automático.

La visita de Carlos Stornelli y José “Pepe” Scioli a la sede de la AFI en la calle 25 de Mayo, en la mañana del martes pasado, no ayuda a despejar las suspicacias.

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