jueves, 3 de marzo de 2016

Un crustáceo parásito, el alien de los peces de Ecuador


Fuente: http://www.agenciasinc.es
Los peces carachama de Ecuador se enfrentan a un crustáceo parásito que puede llegar a representar más del 15% de su cuerpo habitando en su cavidad abodominal. En algunos casos, el alien termina con los peces castrándolos o matándolos de hambre. Un estudio español describe cómo actúa el parásito que fue descubierto en 1866 en Argentina, y que se observa ahora por primera vez en Ecuador en estos peces del Amazonas.


¿Recuerdan la película Alien, el octavo pasajero? La escena en la que el embrión de alien revienta el estómago de Kane –interpretado por el actor John Hurt–, dejando aterrorizada y estupefacta a la tripulación del Nostromo y a los espectadores.

Algo parecido ha encontrado por primera vez Juan Junoy, profesor del departamento de Ciencias de la Vida de la Universidad de Alcalá, en los peces amazónicos de Ecuador y en la cuenca alta del Amazonas. En el río Tena, vive un crustáceo parásito que habita en la cavidad abdominal de un pez, la carachama (Chaetostoma dermorhynchum). Este parásito llega a representar más del 15% del cuerpo de su huésped. Si lo llevamos a nuestra escala, es como si viviéramos con un gato encerrado en la barriga.

Se trata del isópodo Artystone trysibia, un animal que lleva una doble vida: nada libre en las aguas de los ríos cuando es un juvenil, pero es parásito de adulto. Se encontró por primera vez en 1866, en el río de la Plata (Argentina), pero ha carecido desde entonces de una descripción adecuada.

Pertenece a la familia Cymothoidae, cuyos miembros presentan auténticos garfios en el extremo de sus siete pares de patas, para agarrarse firmemente a los peces que parasitan. No son raros en los peces marinos, y los pescadores gallegos, cuando los encuentran sobre la cabeza de los peces, los llaman carrachos (garrapatas) o piojos de mar.

Algunas especies de esta familia no se contentan con vivir sobre la superficie del pez y van un poco más allá, pasando a situarse dentro de la boca de su hospedador. Pero ninguna de las especies ha llegado tan lejos como Artystone trysibia: ha pasado a ocupar la cavidad abdominal del pez.

Parásito con muchas crías
Artystone trysibia cambia de sexo. En su fase hembra, cuida de sus hijos: como si fuera un canguro, tiene un marsupio donde cría a su prole, protegiéndola de los depredadores en las primeras fases de su vida.

En la cuenca alta del Amazonas, Junoy ha detectado ejemplares con más de 800 crías, la máxima fecundidad registrada para la especie. Esa alta fecundidad es necesaria en aguas turbulentas, donde infectar a un pez es difícil. La parasitosis afecta en esta zona al 7% de los peces. En la parte baja de los ríos, donde las aguas son más tranquilas, la fecundidad es mucho menor, pero la infección puede alcanzar a más del 30% de los peces.

Las peores infecciones se dan en recintos cerrados, siendo capaz de acabar con todos los peces de un estanque o acuario. Termina con ellos de un modo cruel, castrándolos y matándolos de hambre. Al ocupar la cavidad abdominal, impide el desarrollo normal de las gónadas y el estómago del pez y éste no puede reproducirse ni alimentarse adecuadamente.

Aunque en condiciones naturales no parece representar un problema muy grave para las poblaciones de peces, sí que lo puede ser para la acuicultura amazónica. Sabemos que Artystone trysibia no tiene especificidad por el hospedador, y se ha encontrado en 14 especies distintas de peces de río. Representa un peligro potencial como especie invasora, ya que se ha encontrado también en peces de acuario en Estados Unidos, una zona muy alejada de su área natural de distribución, los ríos sudamericanos.

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