miércoles, 25 de mayo de 2016

RDM




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20 horas y 15 minutos después:
Medea:- ¿Vieron que Oyarbide salió bailando otra vez? Y después él dijo que lo había llamado Marcelo Tinelli. Seguramente para ir al bailando.

Este país se va a la mierda.

El astrópata:- ¿Sabes qué? Al principio pensé lo mismo. Se me cruzó por la cabeza que por ser un ex juez de la suprema corte debía ser alguien con algo más de recato. Al margen de la política, porque ya sabemos las acusaciones que le pesan.

Después en un momento de reflexión me di cuenta que yo estaba siendo envidioso, porque él es exitoso, es famoso y principalmente sabe bailar. Y me parece que lo que me dio rabia fue que supiese bailar, porque yo jamás aprendí a bailar, nunca fui a un boliche bailable. Y no es que yo no quería ir a bailar o aprender, no podía porque soy un pata dura y además siempre fui un amargo. Siempre menosprecié eso de ir a los boliches por miedo a que me pase algo o tuve que dejarlo de lado por el estudio.

Por eso prefiero reservarme mi opinión. Tal vez si hubiese aprendido a bailar no me hubiese dado tanta vergüenza ir a un boliche y hubiese conocido una chica, y hoy no sería un hombre solitario.
Creo que lo envidio.

34 minutos después:
Medea:- Jajajaja ¿Cómo que no sabes bailar?

El astrópata:- No, no sé. Por una cosa u otra fui postergando las salidas. Tuve un poco de miedo por todo lo que pasa a la noche, y siempre fui muy tímido para esas cosas.

Y ahora que soy un hombre me da más vergüenza, me parece que haría el ridículo. Por eso tampoco conozco mujeres, porque la única arma que tengo es un montón de lectura, de libros de poesía, de un montón de viejos muertos.

1 hora y 7 minutos después:
Medea:- Que pavo, yo sí salía. Todavía salgo, que es otra cosa.

El astrópata:- Cuando fue el momento de salir a bailar y andar con mis amigos la situación no estaba para andar de noche. Había mucha inseguridad.

Era una mala ciudad y un mal momento para salir, habían asesinado a cinco chicos y no me quise arriesgar. Tampoco había mucha variedad de boliches para salir.

Me tocó justo ese momento de agitación durante el gobierno de De La Rua y todos los fines de semana mataban un chico. Y pensé que lo mejor era quedarme en casa, y todavía pienso que tuve razón porque todos los otros chicos y chicas tarde o temprano tuvieron problemas a la noche.

Además no tengo tanta suerte, cada vez que salgo me pasa algo. Y no tiene nada que ver con ser hombre o no ser hombre, tiene que ver con los cuchillos.

No sé como será ahora pero igual prefiero no arriesgarme.

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