domingo, 5 de marzo de 2017

Arkansas ejecuta presos porque una sustancia de la inyección se le vence

Fuente: http://www.lavoz.com.ar
Little Rock. Para uno de los 52 estados norteamericanos parece que matar es mejor a que caduque uno de los componentes de la inyección letal que no se consigue más en el mercado.

Tras 12 años de interrupción de la pena capital, Arkansas –un estado con tres millones de habitantes donde Donald Trump ganó los seis electores en juego cosechando un 60 por ciento de los votos– va a quitarles la vida a ocho presos en tan sólo 10 días.

Será la mayor ejecución en cadena en Estados Unidos desde la reinstauración de la pena máxima hace medio siglo, en 1977.

El motivo para matar a tantos condenados en tan poco tiempo es, según la Coalición para Abolir la Pena de Muerte de Arkansas, evitar que caduque uno de los tres componentes de la inyección letal: el midazolam. Así de tenebroso.

Las últimas existencias de la sustancia, un ansiolítico de efecto rápido, expiran en mayo. Y de acuerdo a la citada ONG, las posibilidades de obtener nuevas partidas son extremadamente difíciles debido a la negativa de la industria farmacéutica a facilitarlas para ejecuciones.

La ley de Arkansas determina cómo debe estar compuesta la inyección, el ansiolítico está normativizado y el sector privado no quiere vendérselo al Estado.


“Corredor de la muerte”
Las órdenes firmadas por el gobernador republicano Asa Hutchinson se cumplirán entre el 17 y el 27 de abril. En el “corredor de la muerte” de Arkansas penan en la actualidad 34 condenados. Dentro de esas celdas casi sin elementos, los convictos esperan meses o años hasta que los maten o hasta que los salve temporalmente algún recurso judicial.

Todas las mañanas, se despiertan sin saber si el que comienza será el día de su muerte. No pueden ver a nadie –excepto a algunas visitas de modo ocasional– y reciben la comida en bandejas entregadas a través de una hendija. Afirman expertos como Juan Carlos Vega, abogado del cordobés Víctor Saldaño, quien fue condenado a muerte en Estados Unidos en 1996 –y habita “el corredor de la muerte” desde entonces–, que nadie soporta en sano juicio esa tortura psicológica más de dos años. En el caso de Saldaño, ha trascendido por los medios nacionales que el 90 por ciento de su vida transcurre en el sueño y el resto permanece en silencio o profiere incoherencias.


De campaña con la muerte
Los ocho elegidos ya han agotado sus recursos legales, seguin el diario español El País . Todos son hombres, la mitad de ellos son negros. Cometieron los delitos por los que fueron juzgados entre 1991 y 2000.

El gobernador Hutchinson, que hizo de la pena de muerte una de sus banderas políticas, declaró que “se trata de una acción necesaria”. “Hay que cumplir la ley pero también es importante ofrecer una clausura a las familias de las víctimas que han vivido en la incertidumbre tanto tiempo”.

La decisión de este conservador va contra la corriente: en Estados Unidos la aplicación de la pena capital, legalizada en 32 estados, no ha dejado de caer desde 1999, el año más sangriento, con 223 ejecuciones. En 2016, 30 condenados murieron.

Este descenso corre en paralelo a la pérdida de apoyo entre la población. En los últimos 20 años, sus defensores decrecieron hasta el punto de que en 2016 por primera vez quedaron por debajo del 50 por ciento, según un sondeo de la consultora Pew Research.

El morbo en que desembocaron algunas muertes contribuyó a este cambio de tendencia. Uno de los casos más terribles fue el de 
Clayton Lockette, ejecutado en abril de 2014. Su agonía duró 43 minutos, con fuertes convulsiones. Fue tan espantosa su muerte que, sufriendo atado a la camilla, el hombre llegó a alertar a sus verdugos de que algo no funcionaba.

Ese horror terminal puede repetirse el mes que viene en Arkansas. Ocho personas lo saben. Sus nombres son Jason McGehee, Ledell Lee, Don Williamson David, Kenneth Williams, Bruce Ward, Stacey Johnson, Jack 
Harold Jones y Marcel Williams.

Sustancia en falta
Sufrimiento morboso. A Arkansas se le vence el midazolam y no lo consigue. La inyección letal, el método de ejecución más empleado en Estados Unidos, se compone de pentotal sódico (duerme), bromuro de pancuronio (paraliza) y cloruro de potasio (infarta). La primera sustancia dejó de emplearse por la resistencia de los fabricantes. Su sustituto, el midazolam, se vinculó con horrores de dolorosas convulsiones sufridas por convictos. Su obtención, según los grupos contrarios a la pena de muerte, también entró en restricción.

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