domingo, 2 de abril de 2017

CDV 66





CDV
Crossover
3 horas y 6 minutos:
Menelcar:- Hola.

3 horas y 7 minutos:
Menelcar:- Killer, cuando leas esto quédate conectada así hablamos.

Cthulhu:- Hola.

3 horas y 8 minutos:
Menelcar:- Hola. No estuvo Killer Queen no?

Cthulhu:- No.

3 horas y 9 minutos:
Menelcar:- A vos nunca te había visto conectado.

3 horas y 10 minutos:
Menelcar:- Te gustan los dibujos animados, hablar de política y boludeces?

Cthulhu:- No.

3 horas y 11 minutos:
Menelcar:- Te gustan las historias de fantasmas y cosas extrañas?

Cthulhu:- No.

4 horas y 6 minutos:
Menelcar:- Bueno, yo ya me voy a dormir. Nos vemos.

11 horas y 16 minutos:
Killer Queen:- Hola.

Menelcar:- Anoche estuve conectado para hablar con vos.

Killer Queen:- Sí, veo ahí arriba.

Menelcar:- Fui a la casa de Ciberpunk y no estaba. Hablé con una vecina suya y me dijo que no lo había visto. Después llamé a su departamento y tampoco estaba.

Killer Queen:- ¿Será cierto que se fue a China?

Menelcar:- No sé, pero en su casa no está. Yo pensaba que era broma lo del viaje a China.

Killer Queen:- Yo también.

13 horas y 18 minutos:
Killer Queen:- Ahora empecé a ver Hentai ouji warawanai neco, un anime cómico. Medio pavada pero es gracioso.

13 horas y 22 minutos:
Menelcar:- No lo vi.

Killer Queen:- ¿Quién era ese que habló con vos a la noche. Pusiste que no lo habías visto antes.

Menelcar:- Nunca lo había visto. No sé quién era. Alguno de esos colgados que entran al chat y después se van.

13 horas y 29 minutos:
Tieto:- Hola.

Menelcar:- Hola.

Tieto:- Veo que estuvieron hablando con Cthulhu.

Menelcar:- ¿Quién sos?

Tieto:- Yo soy Tieto.

Menelcar:- Veo.

Killer Queen:- ¿Por qué no van a otro chat? Este chat es nuestro, conocemos al dueño.

Tieto:- Es que ustedes están, como decirles, de vecinos nuestros por un número. La dirección Ip de nuestro chat es un número más arriba que el suyo y solía pertenecernos antiguamente. Así que es común que alguno de los nuestros cometa el error de entrar al chat de ustedes equivocadamente. Les pido disculpas.

13 horas y 35 minutos:
Killer Queen:- ¿Y qué queres?

Tieto:- Solamente estoy buscando a Cthulhu.

Menelcar:- Acá hablamos de anime, política, y cosas extrañas como historias de fantasmas y monstruos.

Tieto:- ¿Monstruos? Yo sé mucho de monstruos.

¿Sabías que hay monstruos en el mundo real? Hombres perversos, criminales, dementes marginados, de todo tipo. Algunos incluso necesarios.

13 horas y 40 minutos:
Menelcar:- ¿Vas a contar una historia de monstruos?

Tieto:- Sí, me gustaría, sería divertido contarles un poco de mí.

13 horas y 42 minutos:
Killer Queen:- Dale.

Tieto:- Mi historia empieza a la salida de la universidad, el día que terminé de rendir la última materia, uno de mis profesores se me detuvo en la escalera de salida para indicarme un lugar donde podía conseguir trabajo rápido. Todavía no sé si me lo hizo apropósito o qué, pero mi vida estaba por convertirse en un desastre por hacerle caso.

Fui a una entrevista de trabajo al día siguiente en un lugar que aparentaba ser otra cosa y me tomaron, nada era lo que parecía, el supuesto lugar donde yo trabajaba era un montaje, una pantalla para esconder las actividades y los ingresos de mi empleador.

Yo sabía que había algo raro pero no hice ningún cuestionamiento porque me pagaban una fortuna. La culpa también fue mía.

Terminé trabajando para una organización secreta en Canadá, aprendí a matar personas y maté. Es curioso como cuando matas alguien que no conviene matar te llaman asesino, pero si matas al que conviene entonces te premian. Tal es la hipocresía del mundo que algunos monstruos son héroes… Qué infamia.

¿Cuál es la vida de un monstruo? Vivir escondiéndose, siempre desconfiando, siempre con miedo. Matar impunemente lo obliga a reflexionar a uno, a meter la cabeza en la mugrienta cloaca de la filosofía más torcida de los hombres.

¿Qué es la vida de un hombre sino un efímero y miserable puñado de secretos? Somos todos hermanos de esa violencia, indistintos de las bestias más perversas de la imaginación, demonios. Algunos hombres pueden darse el lujo de contener la rabia o la necesidad animal con alguna palabrería, pero no dura mucho si la necesidad apremia las acciones.

Y después de matar cuesta volver a ser humano, y cuanto más se mata más difícil es quitarse los clavos de la cabeza, el dolor en las sienes que viene cada vez que algo nos hace recordar la muerte.

Así es como vivimos los monstruos de verdad, no hay refugio para la conciencia solamente el desamparo y el miedo. Somos infatigablemente perseguidos por la memoria en un reducido claustro de soledad y arrepentimientos.

No hay vida siendo monstruo, solamente secretos.

La primera vez maté para poner en práctica lo que había aprendido, tal vez por orgullo o para sentirme más que el resto, para sentirme impune una vez en mi vida, salirme con la mía. Después maté porque me dieron la orden de matar y yo cumplí con mi trabajo, era mi deber. Y cuando ya no era mi deber maté por ideales y al final terminé matando para ser aceptado por otros asesinos y monstruos igual que yo.

Me duele, pero ya no me duele tanto, o no tan seguido, por ahí porque dejé libres a todos los demonios hace mucho, tal vez me terminé convirtiendo en uno. Ahora encontré a otros como yo que me aceptan y me respetan por las cosas que hice. Y es muy posible que no pare de matar, porque no aceptan a la gente como yo en ningún lugar.

Héroe, asesino, a veces es lo mismo. Dos palabras estúpidas.

Ahora soy parte de algo especial, convivo con una familia de monstruos como yo, nos llevamos bien. La libertad no es suficiente, pero a veces me siento en paz, lo suficiente como para soñar que dejo todo atrás y me compro un taxi o una cafetería. Esos son mis sueños, otro secreto, una máscara para pretender que soy como los demás. Que me pongo una máscara de taxista, que voy volando entre las mesas con una bandeja con un café cortado y unas medialunas. No es mucho pedir.

No creo que pueda cambiar, no puedo dejar de ser yo, pero puedo ponerme una máscara y ser otro, tener secretos como todos los hombres de bien e imitarlos.

El peor error que puede cometer un hombre es creer que no matará, que sería incapaz. Creer que uno es especial y único, diferente de los otros, es una debilidad común.

El asesino corriente usa un cuchillo, un revolver, veneno, las manos. Los monstruos de verdad como yo usamos las palabras, usamos una lengua bífida y sembramos la discordia.

Una vez que se ha dominado el lenguaje es muy fácil darle a otra persona los argumentos y las razones por las cuales debe matar, hacerle ver que no hay otra salida que la que le señala uno, el suicidio, el asesinato.

Matar y salir impune es un arte que consiste en descubrir los secretos más íntimos del otro, descubrir aquello que le hiere, que lo pone violento, que lo enloquece y explotarlo hasta que esté convencido de que no existe otra salida que matar a nuestra victima o matarse.

¿El arte puede matar? Por supuesto que sí, es necesario hacer uso de una teatralidad majestuosa para que el otro razone lo que nosotros queremos que piense, para que actúe por odio, por celos, amor, venganza, miedo. La elección de la mentira correcta para cada individuo es más que solamente preponderante, es indispensable acertar, pero dadas las condiciones es muy fácil dilucidar lo que puede cegar de odio a cualquiera. Un susurro puede ser mortal en la psiquis de una persona inestable.

Recuerdo que mi primer homicidio fue el caso más simple que me haya tocado. Reconozco que debí haber elegido a una víctima un poco más difícil para probar.

Tenía a dos sujetos, caucásicos, honestos, trabajadores, sensibles, débiles. Por un lado estaba el oficial Demond Johnson, un imbécil que siempre ocupaba mi lugar en la cafetería de la esquina y que me observaba porque yo era latino e inmigrante, y eso me molestaba, él sabía que yo prefería estar en la esquina de la barra porque me había visto ahí con frecuencia, pero no paraba de tomar mi lugar como esperando que fuese a sentarme a su lado para hablar, algo que me incomodaba bastante. Y por otro lado tenía al delivery que siempre me pedía que salga en medio del frío a las doce de la noche porque según él no podía llegar a mi casa por la nieve, un racista que odiaba a los inmigrantes. De modo que un día le di con el gusto al oficial y me senté a su lado a dialogar, y estuve un mes sacándole información y contándole historias de engaños, haciendo chistes insinuativamente, hasta que entramos en confianza y me dijo su horario de trabajo. Entonces se levantó de la barra como siempre, tiró dos billetes arriba, se despidió y justo cuando estaba por cerrar la puerta susurré: ¨cornudo¨. Por el espejo de la barra lo vi mover la cabeza, sabía que me había escuchado, lo vi detenerse justo afuera de puerta de la cafetería, el momento en que razonó y pensó que lo mejor era ir a su casa a verificar que todo estuviese bien. Una vez que se subió al auto llamé al delivery y lo mandé a su casa. Y lo mató porque creyó que era el amante de su esposa.

14 horas y 1 minuto:
Killer Queen:- Y yo reconozco que es buen cuento, pero no te lo creo.

Menelcar:- Sí hombre, déjese de joder. Nadie se va a creer ese cuento.

Tieto:- Se me hizo tarde. Tengo que irme.

Menelcar:- Chau.

Killer Queen:- Nos vemos.

Menelcar:- Hay cada loco en este mundo.

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