sábado, 30 de septiembre de 2017

EEUU reduce su embajada en Cuba y tensa la relación


El gobierno de Trump repatrió al 60 % de los funcionarios a raíz de una serie de extraños “ataques acústicos” que causaron sordera, mareos y hasta fiebre en 21 estadounidenses.

Estados Unidos volvió a tensar ayer las relaciones con Cuba al anunciar la retirada de más de la mitad de su personal diplomático en La Habana a raíz de “ataques específicos” aún inexplicados.

En una nota oficial, el Secretario de Estado Rex Tillerson afirmó que Washington “mantiene” sus relaciones diplomáticas con Cuba pero adelantó que el caso será “agresivamente investigado” hasta que quede resuelto.

De acuerdo con las denuncias, en el último año 21 diplomáticos estadounidenses fueron víctimas de raros “ataques específicos” aparentemente con dispositivos acústicos o de ultrasonido, que por ahora permanecen en el misterio.

Tillerson apuntó ayer que el número de funcionarios en la embajada en La Habana permanecerá reducido a personal de emergencia “hasta que el gobierno de Cuba pueda garantizar la seguridad de nuestros diplomáticos”.

En consecuencia, la embajada en la capital cubana suspendió “por tiempo indeterminado” la emisión de visas hacia Estados Unidos, aunque el Departamento de Estado preparaba mecanismos para que cubanos puedan obtener esas visas en otros países.

Entre las contadas actividades que la embajada atenderá a partir de hoy en Cuba se incluye la eventual asistencia a ciudadanos estadounidenses que requieran ayuda a raíz de las inundaciones provocadas por el huracán Irma.

Además, el Departamento de Estado emitió un “Alerta de Viajes” que abre con una recomendación que no deja lugar a dudas: “Estados Unidos advierte a los ciudadanos estadounidenses que no viajen a Cuba”.

Esta nota menciona que Washington y La Habana han sido hasta ahora incapaces de identificar a los responsables por los “ataques específicos”, pero apuntó que “el gobierno de Cuba es responsable por tomar las medidas apropiadas para evitar un ataque”.

Hasta ayer, funcionarios estadounidenses se referían a estos extraños episodios como “incidentes”, aunque pasaron a referirse a “ataques” específicos contra el personal de la embajada, sin responsabilizar por ahora al gobierno cubano.

“Mantenemos nuestras relaciones con Cuba, y nuestro trabajo con Cuba sigue siendo guiado por la seguridad nacional y los intereses de política exterior de EEUU”, indicó el jefe de la diplomacia estadounidense en una nota oficial. “Seguiremos investigando agresivamente estos ataques hasta que el asunto quede resuelto”, apuntó Tillerson.

Según el Departamento de Estado, los “ataques” ocurrieron en residencias diplomáticas y hoteles frecuentados por ciudadanos estadounidenses en la capital cubana. “No tenemos informes sobre ciudadanos privados estadounidenses que hayan sido afectados por los ataques”, señaló Tillerson. Según agregó, el Departamento de Estado “no tiene una respuesta definitiva sobre la causa o la fuente de los ataques”.

Este drástico paquete de medidas fue anunciado apenas tres días después de una tensa reunión en Washington entre Tillerson y el canciller de Cuba, Bruno Rodríguez, para discutir precisamente este tema. En esa reunión -como ya lo había hecho hace una semana en la Asamblea General de la ONU- Rodríguez negó que Cuba haya perpetrado alguna vez ataques de cualquier naturaleza contra personal diplomático extranjero.

A inicios de mes, ya el Departamento de Estado había discretamente expulsado a dos funcionarios de la embajada de Cuba en Washington, a raíz de este mismo episodio.

Este es el momento de mayor tensión entre los dos países desde el restablecimiento de las relaciones diplomáticas en 2015 después de medio siglo de ruptura y desconfianza mutua.

De dónde vienen y qué son los “ataques sónicos”
El oscuro caso de los “ataques acústicos” en Cuba contra diplomáticos de Estados Unidos, que envenena las relaciones bilaterales hace más de nueve meses, parece lejos de tener un desenlace, y más que certezas arroja cada vez más misterios.

¿Ante qué fenómenos estamos? ¿Agresiones dirigidas, sabotaje, accidente?

Los hechos
Una treintena de diplomáticos estadounidenses, pero también canadienses, así como sus familiares, sintieron síntomas inquietantes de origen desconocido durante el mismo período. Algunos incluso estando en un hotel de La Habana. Algunos sufrieron “migrañas, náuseas”, pero también “ligeras lesiones cerebrales de origen traumático y pérdida definitiva de audición”, tras escuchar una suerte de estruendo.

¿Qué puede ser?
Funcionarios estadounidenses dijeron a periodistas sospechar del uso de dispositivos acústicos de origen desconocido, con el objetivo de socavar la “integridad física” de los diplomáticos.

Evocada en Washington, la emisión dirigida de ondas nocivas desde un dispositivo no detectable es “totalmente posible desde un punto de vista técnico”, asegura Denis Bedat, experto en bio-electromagnetismo.

“Las ondas ultrasónicas, que se sitúan más allá de la capacidad acústica del ser humano, pueden difundirse con un amplificador. El dispositivo no tiene que ser de gran tamaño y se puede activar dentro o fuera de una casa”, explica el experto francés. Bedat pone como ejemplo al Active Denial System (ADS), un cañón antidisturbios creado en EEUU, que permite dirigir ondas electromagnéticas hacia personas elegidas causándoles una sensación de calor insoportable.

¿Quién está detrás?
Muchos observadores dudan que La Habana se haya arriesgado en tales acciones a finales de 2016, cuando las relaciones entre los antiguos enemigos de la Guerra Fría estaban en pleno auge. Luego se deterioraron con la llegada al poder de Trump.

Las especulaciones abundan en ambos lados. Algunos apuntan a la iniciativa de agentes cubanos desertores, otros a un tercer país interesado en dañar los relaciones entre Cuba y EEUU, como Rusia o Corea del Norte.

O que se trata de una maniobra de los halcones de la revolución opuestos a la apertura con EEUU por la perdida de privilegios y que están enfrentados con Raúl Castro por su política de apertura y adecuación.

Pero la hipótesis más recurrente señala la posible incidencia de un sistema de escucha defectuoso o mal controlado, una opción reforzada por la reputación de “grandes oídos” que tiene Cuba. Sin embargo, esta es rechazada por expertos que subrayan que un sistema de escucha no está diseñado para la difusión. Y, según los medios estadounidenses, los investigadores del FBI no encontraron evidencias durante las minuciosas búsquedas realizadas en los hogares de las víctimas.

Fuente: http://www.losandes.com.ar

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