viernes, 8 de febrero de 2019

TDR 5




TDR
3 horas y 56 minutos:
- Cof cof. (tos de alguien)

4 horas y 23 minutos:
(Ruidos extraños)

Grasún:- ¿Hola?

4 horas y 24 minutos:
Vortex:- Hola.

Grasún:- Pensé que alguien me había llamado. Escuché como un ruido.

Vortex:- Era yo que no puedo dormir. Dejé el radio encendido.

4 horas y 26 minutos:
Grasún:- ¿Qué haces despierta a esta hora?

Vortex:- Estoy aburrida. Y vi una sombra pasar por la ventana y me dejó un poco inquieta.

Grasún:- ¿Qué viste?

Vortex:- Nada importante, probablemente un perro y nada más.

4 horas y 26 minutos:
Grasún:- Hace algunos años atrás fui a visitar una madrina en La Plata, y por constumbre llevé el handy. Estoy tan acostumbrado a llevarlo todo el tiempo que sin darme cuenta lo puse en una bolsa con comida. Y aunque no tenía que trabajar lo mantenía encendido por la noche...

Vortex:- ¿A qué viene eso?

Grasún:- No sé, me dieron ganas de hablar.

Vortex:- ¿Y qué paso?

Grasún:- Bueno a eso iba. Una noche estaba durmiendo y empecé a escuchar a un hombre que hablaba por radio, fue un poco extraño. La cosa es que el tipo este gritaba lleno de odio, como sacado, mensajes de odio. Todo lo que decía eran cosas como que había que matar a todos, que había que prender fuego todo y cosas así.

Vortex:- Seguramente un demente.

Grasún:- Eso no es todo, la cosa es que era como un programa de radio, se escuchaba música por el handy. Y recuerdo que en un momento pensé ¨La puta madre, los chicos de La Plata escuchan esto...¨ Y que el tipo hablaba como Hitler o algo parecido. Tenía una retórica enferma todo el tiempo y sonaba enfurecido.

Vortex:- ¿Y?

Grasún:- Nada, que me pareció extraño escuchar eso por el handy a las doce de la noche.

Vortex:- Bueno yo me voy a dormir. Bye.

Grasún:- Bye.

12 horas y 8 minutos:
Metro:- Hola, hola.

Vortex:- Hola ¿Metro?

Metro:- Sí, soy yo. Tengo un problema y no tengo a nadie para preguntarle.

Vortex:- ¿Qué te pasó?

Metro:- Que me compré una avena en el mercado por error pensando que era un cereal y no sé cómo preparla. Seguí las instrucciones pero me sale una cosa sin sabor que apesta.

Vortex:- Jajaja.

Metro:- ¿Qué? Soy un hombre, yo no sé de estas cosas.

Vortex:- Que no importa cómo la prepares, la avena es una cagada sin sabor siempre. Tenés que ser mago para hacer que tenga gusto a algo esa porquería.

Metro:- Y no hay una forma de hacerla comestible?

Vortex:- No, es el gran dilema de todos los chefs, los cocineros y las amas de casa: Hacer que la avena tenga aroma, gusto y se vea bien.

Metro:- Me estás cargando.

Vortex:- No, no. Para mí la avena es un invento Inglés o yanqui para comerciar basura por algo que ellos necesitan. Ellos empezaron con eso de comer avena y después la popularizaron, pero ¿Querés saber la verdad? Es una porquería que no tiene gusto a nada. Apostaría cualquier cosa a que la avena viene de otro país, ellos te dan esa basura a cambio de nuestras vacas y cereales buenos.

Nadie sabe cocinarla, nunca queda bien y no tiene gusto a nada ¿Sabes qué tiene más gusto? El pan, sí, el pan, que tiene el sabor más neutro que puede haber. De hecho es mejor comer cualquier pan, incluso uno duro de ayer que comer esa cosa sin sabor. Lo que es más, hay galletas de arroz de esas para hacer dieta que tienen más sabor que esa porquería.

Además, no me vas a decir que el tipo de la avena quaker tiene cara de gaucho? Si hasta parece un colono inglés.

Metro:- No me había fijado. Es una estafa.

Vortex:- Sí, pero hay gente muy idiota que sigue intentando que tenga buen gusto como si nadie lo hubiera intentado antes ¿Podes creerlo? Y es como que no aprenden, porque siguen tratando que tenga gusto a algo, pero eso nunca va a pasar. Porque para cuando tenga sabor va a ser porque le pusiste tantas cosas que ya ni de avena se va a tratar el plato.

Metro:- No sabía que eras tan sensible respecto de la avena. Creo que te toqué una fibra o algo.

Vortex:- Un consejo, no la hiervas en agua porque queda un engrudo sin gusto que da asco, y no la mezcles en una sopa con caldos porque lo único que vas a hacer es arruinar una buena sopa. Y ni se te ocurra ponerle leche y chocolate con azúcar porque tampoco va a quedar bien... Es como te dije, para cuando tenga gusto a algo ya vas a haber gastado tres veces su precio en otros productos. No vale la pena.

12 horas y 14 minutos:
Metro:- Bueno, gracias por el consejo chusmosa.

Vortex:- Nos vemos.

19 horas y 53 minutos:
Metro:- Hola, hola.

Vortex:- Hola.

¿Metro?

Metro:- Sí, yo otra vez. Tenías razón, la avena hervida es una porquería, la receta que viene en la caja es una mentira.

Vortex:- Jajajaja.

20 horas y 1 minuto:
Metro:- Contame algo de vos Vortex. Ya que estás ahí escuchando todo lo que dicen los demás.

Vortex:- Si me largo a hablar no termino más. Conozco todos los chismes de las vecinas.

Metro:- Bueno pero contame algo.

Vortex:- Ahora que lo pienso, no tengo un chisme que pueda contar así abiertamente, son como secretos. Pero tengo una historia extraña de cuando era chica.

Metro:- Cuenta.

Vortex:- Cuando era chica vivía en una casa muy grande, todos mis vecinos eran gente de buena posición, en especial mi vecino de enfrente que era un juez importante. Todos los días iba a la casa a buscar a su hijo, un gordito que jugaba carreras con la bicicleta conmigo. Siempre jugábamos en la vereda con la paleta y cosas así con las otras chicas y chicos del barrio... Se había formado un grupito de chicos. Pero me acuerdo que siempre a las cuatro de la tarde lo llamaban adentro.

Me acuerdo que en el verano salíamos a tirarnos con bombuchas de agua y que era todo muy normal, salvo por algunos detalles.

Primero, no me acuerdo el nombre del chico, le decíamos el gordo. Después, sus padres no estaban nunca, o nunca los veíamos salvo por la madre que lo llamaba adentro a veces. Y por último, me parece que no lo mandaban a la escuela, de hecho, no lo dejaban salir nunca salvo cuando estaba con nosotros. Nunca supe por qué, pero en esa época tampoco me daba cuenta de nada.

De a poco dejó de juntarse con nosotros y cuando iba a buscarlo la madre me decía que no podía salir y cosas así, siempre tenía una excusa para que no saliera a jugar.

Con el tiempo dejó de juntarse con nosotros y no lo veíamos nunca, ni a él, ni a su padre, ni a su madre. Yo sabía que vivía ahí porque lo veía de vez en cuando, cuando salía a recibir lo del repartidor, porque tampoco salía a hacer las compras. Hasta que un día no lo vi más.

Pasaron como diez años o más, yo ya estaba terminando la secundaria, y hacía años que no veía a sus padres, la casa permanecía completamente cerrada todo el tiempo, cuando lo vi salir a recibir las cosas del repartidor. Para entonces ya no había ni siquiera movimiento de autos, antes por lo menos podía ver a la madre salir en el coche o al padre entrar el auto al garage.

Yo tendría diecinueve años cuando una noche empezaron a parar unas camionetas negras en la casa de él, eran como combis negras con vidrios polarizados y de ahí se bajaron unos hombres muy bien vestidos, de traje, y lo vi que salió, se metió en una camioneta con ellos y se fueron. Y la cosa es que se fueron tan rápido que ni cerró la puerta de la casa.

Metro:- Uy se pone misterioso.

Vortex:- Perate, se pone todavía más raro.

Como se había dejado la puerta abierta y mis viejos se habían ido a dormir, y como soy muy comedida y curiosa, fui a cerrar la puerta y a echar un vistazo. Eran como las dos de la mañana.

Salí despacito de casa sin hacer mucho ruido, y antes de un parpadeo ya estaba ahí mirando adentro de la casa. Toda la casa era un desastre, todo lleno de suciedad como si no hubieran limpiado nunca el piso. Las mesas, los sillones, todo, estaba cubierto de polvo. Y desde la entrada vi una luz encendida y dije: ¨Bueno, ya que estoy acá para cerrar la puerta de paso voy a apagar la luz por las dudas, para que no haya un cortocircuito.¨ Grité un par de veces preguntando si había alguien y como no contestó nadie entré a apagar la luz. Pasé por una habitación que parecía matrimonial que estaba oscura y cubierta de polvo como toda la casa hasta que llegué a la habitación con luz, y había un montón de computadoras, monitores por todos lados, un importante equipo de sonido y todo estaba encendido. Era como un búnquer con cables por todos lados, había un montón de cosas tecnológicas, el olor apestaba. Entonces tiré de un cable en la pared y todo se apagó, apagué la luz y me fui.

Nunca más lo volví a ver, nunca supe su nombre, y lo que es más misterioso, dos días después volvieron las camionetas y esos hombres se llevaron todo. Desde entonces la casa está cerrada. Pregunté a los chicos del barrio y a los vecinos si alguien sabía a dónde se habían mudado y nadie supo contestarme, tampoco ninguno recordaba su nombre.

Metro:- ¿Y no sabes el nombre del juez?

Vortex:- No, y la verdad es que no creo que haya sido juez en realidad, pero eso fue lo que le dijo a los vecinos. Pero no termina ahí.

Dos años después apareció una mañana un cartel de remate en la casa, y unos meses después se mudó una familia nueva. Mi mamá y yo fuimos a presentarnos con los nuevos. Y habían sacado algunas cosas de los anteriores a la calle en unas cajas. Cuando iba con mi mamá pasé por al lado de una de las cajas y vi de reojo que había unos Cds y diskettes viejos. Hice un poco de tiempo y busqué demorarme para quedarme con los nuevos vecinos hasta que mi mamá se fuera, porque quería llevarme la caja. No quería que mi mamá supiera que quería esa basura.

Como sea, me llevé la caja con Cds viejos, los revisé en mi computadora y entre todos los archivos encontré una foto del chico y un montón de lo que parecían ser capturas de pantallas de un programa, de una conversación por internet, solamente un nombre se destacaba además de las pavadas que ponían, Gronax.

Metro:- ¿Gronax?

Vortex:- Sí, eso decía.

Metro:- Creo que lo vi una vez o por lo menos estuve cerca de él. Debe ser una coincidencia pero una vez hace algunos años, como en el 99, yo era lavacopas en un boliche, unas personas alquilaron el lugar por una noche para una fiesta privada y dijeron algo como que venía ese Gronax. Pero como yo estaba atrás limpiando y eso no pude ver mucho, aunque recuerdo que esa noche entraron al boliche muchos hombres vestidos de traje, como de seguridad, y pensé algo así como que tal vez era famoso.

Por ahí no te diste cuenta y era famoso por algo, cuando era chico conocía a una chica que era hija de un juez y a los años apareció en un programa de televisión. En este país los que tienen plata se acomodan.

Vortex:- Nunca lo vi en la tele o me enteré de nada como eso.

Metro:- Acá los que tienen plata hacen lo que quieren, como ese Fort o el hijo de la fiscal que abusó de una chica, seguramente ahora lo dejan suelto y hasta lo ponen como mediático.

Vortex:- Mmm, no sé.

¿Y vos qué decís que me hiciste contar todo eso?

Metro:- Acá ando, medio dormido del laburo. No tengo historias de misterio para contar al margen de las que he leído en libros o visto por tv. Siempre ando solo, sin plata y pidiéndole yerba a la vecina. Me la paso buscando un trabajo mejor pero es como que nadie me quiere. Un fracaso total.

Hay quienes dicen que son afortunados en los negocios y desafortunados en el amor, yo quisiera poder decir lo mismo porque me va como la mierda en todo. Que sé yo, a algunos la vida les sonríe, a mí solamente se me caga de risa. Si tuviera que resumirte toda mi vida sería un libro bastante triste, como una lista de las mujeres que me han gustado o he querido y de cómo no he tenido la oportunidad de hablarles para que al menos me conozcan. Es decir, un bodrio muy deprimente.

Así y todo me las arreglo para reírme solo de las pavadas que veo con el celular. Vivo en una habitación de dos por dos con baño, donde tengo todo desordenado y amontonado, apesta, y no tengo cocina. Y la única ventana de esa pieza da a un patio bastante deprimente también. Pero es un barrio seguro y tranquilo.

No tengo auto, no tengo moto ni bicicleta. Lo que es peor, no tengo ni una patineta, es decir, no puedo impresionar a nadie así.

Vortex:- ¿Y tu familia?

Metro:- A mis viejos nunca les importó nada. Me fui de casa en cuanto tuve la oportunidad. No se han comunicado conmigo en años.

Mi viejos se divorciaron, mi vieja se volvió a casar al tiempo y tuvo una hija con otro tipo y me fueron desplazando. A mi viejo no lo vi más.

Vortex:- Que mal che.

Metro:- Así son las cosas. Pero no me molesta tanto, sé que algún día van a acordarse de mí cuando necesiten algo y voy a darme el gusto de cerrarles la puerta en la cara. No cuento con ellos y espero que no cuenten conmigo.

Vortex:- ¿Tan mal?

Metro:- Nunca les importé, siempre me trataron como a una molestia y cuando se separaron simplemente se olvidaron de mí. A los pocos meses mi mamá rehizo su vida, quedó embarazada, se casó y ya no tuvo más tiempo para mí al punto que cuando me fui ni se preocupó en preguntarme a dónde iba y no me llamó nunca para preguntar si estaba bien. Siendo que nunca cambié el número de mi teléfono en veinte años no hay excusa para no llamar.

No tengo recuerdos de haber tenido dos pantalnes o dos pares de zapatillas hasta que me fui, siempre andaba mal vestido porque no me compraban ni ropa. Y no era que no hubiera dinero, sí había, pero no me daban nada. Solamente me daban un regalo en navidad y uno en mi cumpleaños, y tal vez un huevo de pascua y manejate.

Nunca les importó si me iba bien en el colegio o cosas así, jamás fueron a verme en los actos de la escuela o a hablar con mis maestros, nunca me ayudaron con la tarea o siquiera se fijaron. Era como un chico abandonado.

Pero no me quejo de eso, estoy orgulloso de mí mismo, llegué hasta acá solo y no me convertí en un delincuente. Me hice solo y lo que tengo es mio porque yo me lo gané en buena ley, laburando. No le debo nada a nadie.

Vortex:- Mmm, ya veo. Bueno, hablamos otro día.

Metro:- Dale.

Vortex:- Bye.

Fin de la comunicación.

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